A mí me violaron cuando estaba de viaje. Seguí sonriendo, seguí viviendo mi sexualidad, seguí con mi vida. Tuve rabia y vi claro que había que hacer cambios profundos. Si nos tocan a una nos tocan a todas. Y fue así. Me tocaron a mí y tocaron a todas las personas con las que compartí la experiencia. Comprendí que eso le pasaba cada día a millones de mujeres, y no entendía cómo lo seguíamos consintiendo (como sociedad en conjunto). Vi con meridiana claridad que cada comentario machista, cada gesto, cada minusvaloración que se hacía de las mujeres, era un granito de arena que se ponía para que se consintiera que las mujeres fueran violadas, matadas, sometidas, abusadas. Ya lo sabía antes, ahora era una experiencia encarnada. Ahora, tras la sentencia del juicio de “la manada”, han vuelto a tocar a muchas personas. Se ha puesto de nuevo sobre la mesa que nuestros cuerpos, nuestras decisiones y nuestras experiencias como mujeres tienen menos valor. Para mí no se trata de un acto...
Comentarios
Publicar un comentario